lunes, octubre 29, 2007

domingo, octubre 21, 2007

De vuelta de todo.

Es importante pisar fuerte al caminar. Caminar con seguridad, aunque ni si quiera sepas a dónde te diriges. De hecho, a veces casi es mejor no saber muy bien a dónde te diriges y poder pensar "Pies, llevadme a donde queráis".

Pero volvamos a los pasos; esos pasos acompasados y decididos que te incitan a caminar erguido y a sentir que tienes un perfecto control de la situación. Porque hay momentos en tu vida en la que sólo puedes controlar pequeñas cosas como tus pasos o el volumen de tu voz para hacerte oir.

Es en esas situaciones, en las que uno se siente totalmente perdido, cuando hay que atreverse a sacar toda nuestra fuerza. Y saber caminar por la vida, es el primer paso. Probablemente desconozcamos el rumbo, pero eso no quita que nos sintamos fuertes.

Además, no hay que olvidar que debemos mantener un estado de alerta permanente. A veces evadirse nos resulta tan fácil que olvidamos estar alerta.

Así que, cuando empiezas a caminar y a fijarte en todo lo que sucede a tu alrededor, te puedes llevar muchas sorpresas. Puedes encontrarte con la Belleza manifestándose de formas totalmente insólitas, o puedes pasar de largo y no verla. Ella está ahí, esperando a que alguien se sorprenda al encontrarla bajo alguna escena jamás pensada.

También te fijas en la gente que se cruza contigo. Nunca me ha gustado clasificar a la gente, ni establecer diferencias, pero siempre creí que había dos tipos de personas: los que luchan y los que se conforman.

Bueno, sigo pensando eso, pero ayer se me ocurrió un nuevo criterio: existe la clase de personas que tira la basura al suelo de forma totalmente despreocupada y la clase de personas que no lo hace. Esto, que puede parecer una tontería, no lo es. Con ese único gesto, acompañado de una actitud de desprecio, te haces una idea rápida de la clase de persona de la que se trata. Una persona que no se para a pensar en los que limpian tras su paso porque, esa persona, sí tiene muy claro en su cabeza que existen distintos tipos de gente. Por otra parte, se encuentra la persona que sabe valorar el trabajo de todos, y por tanto se pone en la piel del otro. Ahí está la diferencia. Yo sola no me habría dado cuenta.

En fin, puede que el escenario cambie, aunque todos tengamos uno preferido, pero, sin ninguna duda, nuestros pasos nos pertenecen.

lunes, octubre 01, 2007

La magia y el billete de 100 euros.

La magia existe. Esa es la realidad, a pesar de que muchos no crean en ella. Uno cree muchas veces que puede escoger libremente en qué quiere creer, y eso es totalmente lícito, pero eso no quita que existan cientos de cosas en las que no creamos. "Ojos que no ven, corazón que no siente", solemos escuchar, pero ¿y si los ojos ven y no podemos explicarlo?

La magia siempre ha sido adornada de mitos y leyendas, como todo lo misterioso. Son muchos los que se han aprovechado de las ganas de "creer en algo" de la gente para hacer pasar por magia lo que no es. Supongo que esas ganas de "creer en algo" tienen algo que ver en esta historia, pero no basta con eso, también hace falta intuición.

Hace poco tuve la ocasión de ver algo mágico,y por increíble que parezca, real y palpable. Yo estaba aburrida en el mostrador cuando un compañero me llamó. Se trataba de un chico tímido y reservado que me aseguraba que practicaba magia durante ¡4 horas! diarias, siguiendo las enseñanzas que su abuela le dejó. A mí al principio me hacía gracia, todos hemos visto trucos por la tele, pero nunca se le da mucha importancia a lo que se ve en la tele... es tan fácil manipular.

Pero él nunca intentó convencerme de lo que hacía. A mí me interesa mucho la gente que cree en algo fervorosamente y lucha por ello hasta convertirlo en su forma de vida, y ese era su caso. Respondía muy educado a todas las preguntas que yo le hacía, muerta ya de curiosidad. "La magia existe desde la Prehistoria", "Nadie cuenta nada, no hay nada escrito sobre esto, ni en Internet ni en ningún sitio... si lo hubiera...¡todo el mundo haría magia!" "¿Y lo de la tele?" Le preguntaba desconfiada. "Eso es puro espectáculo, no tiene nada que ver".

A mi las ganas de "creer en algo" me iban apareciendo, pero pensaba que quizás se trataba de eso sin más: ganas de "creer en algo" para distraerme del cansancio y la rutina de un día tras otro.

Entonces, repito, estoy en el mostrador y le oigo llamarme. Yo, sin girarme, no puedo evitar pensar "Ya está, ahora me lo va a demostrar". Sentí algo. Digamos, intuición. Me coge un billete de 100 euros de la caja registradora y atraviesa su bolígrafo por la mitad. Delante de mis narices. "No puede ser", pienso "A ver cómo explico yo ahora esto". Miro el billete totalmente atravesado por el bolígrafo. Lo veo claramente. Veo cómo mi compañero agita suavemente el bolígrafo y el billete se mueve al mismo ritmo. Después "saca" el bolígrafo y el billete está intacto. "Ahora inténtalo tú, si quieres". Cojo el bolígrafo que, obviamente, choca contra el papel. "¿Cómo puede ser?", le pregunto alucinada,"¡Delante de mis narices! ¡Lo he visto! ¡Hazlo otra vez!"
"Ahhh, no", me responde sonriente ,"Nunca se repite el mismo truco a la misma persona".
Vaya por dios, en el mundo de la magia también hay reglas.

Hubo más sorpresas, más trucos, magia... como se le quiera llamar, pero éste fue el que más me llamó la atención. Es difícil que algo pase a 2o centímetros de tu cara y no seas capaz de darle una explicación lógica.

En fin, cada uno puede juzgarlo a su manera, pero por supuesto, primero hay que vivirlo en directo. A mí me dio esperanzas. Porque esto significa que todavía nos podemos sorprender con algo, lo cual cuesta asimilar; porque sí existen cosas sin explicación aparente y, algo más delicado, porque si la magia existe de veras, seguro que abarca un campo mucho más amplio que un billete de 100 euros sucio y arrugado. ;)