La autodestrucción del ser humano
Nadie puede recordar cómo empezó todo. Pero un día lo hizo.
Un día empezó a corromperse y, con el paso del tiempo, se volvió parcialmente ciego. Lo suficiente para no recordar. La traición fue aumentando gradualmente. Primero hacia los demás y después hacia él mismo. Fue un proceso lento, pero intenso. Quizás no se acabe nunca.
Tal vez no fue una traición. Podría no serlo puesto que la entereza y los valores defendidos ya habían caído en el olvido años atrás. Pero la falta de memoria no aumenta la bondad.
Puede que esté escrito en la naturaleza humana. El ser humano se corrompe. No me atrevo a creer que nace corrupto.
Sólo el ser humano tiene la capacidad de convertirse en algo malo siendo algo bueno y, si es malo en origen, tiende a seguir siéndolo toda su vida.
Sólo el ser humano hace daño a los demás, queriendo o sin querer. Y también se hace daño a sí mismo. De hecho el daño que se hace a sí mismo es mucho peor que el que le puedan hacer los demás.
En definitiva, sólo el ser humano ha utilizado su capacidad de raciocinio para la destrucción.
Por todo esto no hay que olvidar que, al fin y al cabo, el ser humano es también el único ser que ha experimentado el poder,o al menos, que ha sabido de su existencia.